Xbox Game Pass quiso ser el Netflix de los videojuegos pero la realidad es que ambos tipos de contenido son muy opuestos
Buenos Aires-(Nomyc)-Aunque se tengan cientos de juegos en una biblioteca, la mayoría de los usuarios juegan a solo dos: un FIFA y alguna vez al viejo “Battlefield 1” y en los últimos años también a los 'Ghost of Tushima', 'Star Wars Jedi: Survivor' o 'Sifu', por ejemplo, pero mientras solo se usaban esa media docena de títulos, otros muchos que tengo en mi biblioteca solo juntan polvo.
La ambición de Xbox fue genial hasta que dejó de serlo: la idea en 2020 era clara, y los responsables de Microsoft decían que había 2.800 millones de gamers en el mundo y querían conquistarlos a todos. ¿Cómo? Pues con dos grandes proyectos:
Ambas ideas, parecían tener mucho sentido y muchos gamers, sobre todo los usuarios de Xbox, ya que Xbox Game Pass parecía ser excepcional para gamers, una pesadilla para Sony y aunque la operación para comprar Activision Blizzard y franquicias como “Call of Duty” fue muy cara, la jugada de nuevo parecía una apuesta fantástica para jugadores de todo tipo.
Pero en realidad, no lo fue ya que en estos días, se supo que Microsoft gastó cerca de 80.000 millones de dólares en acuerdos que le dieran acceso a títulos como el citado “Call of Duty” o “Skyrim”, para que estos videojuegos pudieran estar disponibles desde el día 1 o casi desde el primer momento en Xbox Game Pass, debido a que querían crear un catálogo que permitiera a los gamers jugar a cientos de títulos, incluidos los “triple A” más recientes, como parte de la suscripción a ese servicio, pero se equivocaron.
Menos es más: lo cierto, es que la estrategia no les salió bien ya que la empresa anunció que despedirá a 3.200 empleados en su división de Xbox, un 20 por ciento de su personal y además, dejará a cinco estudios de desarrollo salir de la empresa para volver a seguir su propio camino.
Quizás, la respuesta no era tener más juegos, ya que Steam ya dio una pista a principios de 2025 cuando sostuvo que su plataforma se había convertido en un vertedero de videojuegos: de 19.000 títulos en 2024, casi nadie jugó al 80 por ciento de ellos y como en muchos otros ámbitos, se impone la teoría de la larga cola: el interés se concentra en un puñado de contenidos que por méritos propios (aderezados quizás con algo de suerte) se convierten en éxitos absolutos.
La realidad, para la inmensa mayoría de gamers es la misma: hay demasiados juegos en el mercado y la gente solo no tiene tiempo para jugar a todos ellos y un usuario habitual de Juegos escribía en 2021 su particular reflexión sobre cómo muchos nos convertimos en nuevos Diógenes digitales en esto de los videojuegos: “conseguimos infinidad de nuevos juegos, la mayoría, gratuitos, en Epic Games, Steam o GOG, pero los tenemos cogiendo polvo virtual en nuestra biblioteca porque nunca vamos a jugar a muchos de ellos. Mi situación también se reflejaba en otro texto de Isra Fernández: ser gamer después de haber tenido hijos es complicado”.
El Netflix de los videojuegos era una utopía: el panorama que nos pinta esta situación se intuía y tenía sentido, “crear el Netflix de los videojuegos era imposible porque los videojuegos son muy distintos a series o películas”.
Mientras que uno consume series o películas una vez y los abandona para siempre, los gamers vuelven a los videojuegos que les gustan una y otra vez, no dedican una o dos horas a ellos, sino decenas e incluso centenares de horas tanto en partidas solos como en partidas contra otros jugadores en internet.
La forma de consumir uno y otro contenido es la que destruye la ilusión de que un Netflix de los videojuegos tenga sentido y Xbox Game Pass ofrece centenares de títulos para poder probarlos y comprados, si se quiere, pero rara vez se hace.
Un usuario destacado comenta “Yo mismo disfruté de Xbox Game Pass Ultimate durante tres años, y aunque probé una veintena de títulos durante aquella época, siempre acabé volviendo a mis clásicos. Las opciones eran maravillosas, pero simplemente no tenía tiempo para ellas porque cuando quería jugar, me apetecía volver a mis FIFA o mis 'Battlefield 1'”.
La propia Microsoft, ya señaló el problema cuando dio la peor de las noticias hace dos años al subir el precio de Xbox Game Pass y unos meses después lo volvió a subir y el servicio, se volvía más exclusivo que nunca, y lo hacía por una sencilla razón: no ganaban suficiente dinero con él.
Pero es que hay otro problema que no es solo consumir, sino producir ya que el “ritmo Netflix”, también es inviable: allí cuatro guionistas se ponen a escribir y en seis meses la plataforma saca una serie que la gente devora en un fin de semana, pero en videojuegos la cosa es distinta, con desarrollos cada vez más largos y muy caros.
Tampoco ayuda la célebre disponibilidad de los juegos disponibles en “día 1” y que videojuegos AAA de 70 u 80 euros, estén disponibles gratis para suscriptores era maravilloso, pero un tiro en el pie para las cuentas de la compañía ya que fidelizar era importante, pero eso estaba mataba los ingresos para desarrollos como estos en los que se invierte muchísimo tiempo y dinero.
La conclusión es clara: la estrategia de Microsoft era fantástica para los gamers, cientos de juegos disponibles al precio de una suscripción accesible era un sueño hecho realidad para los gamers más intensivos, pero ni ellos ni el resto de los usuarios quisieron darse cuenta de la realidad, es decir había demasiados juegos y demasiado poco tiempo para jugarlos, aunque la ecuación, no podía funcionar.
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