La CNEA alerta por el desfinanciamiento nuclear y la pérdida de trabajadores especializados


Carolina Komar, investigadora de la Comisión Nacional de Energía Atómica y delegada de ATE, advirtió sobre renuncias, contratos en riesgo y el freno a proyectos estratégicos como el CAREM


Categoría: TECNOLÓGICAS

Buenos Aires-(Nomyc)-La situación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) que es el organismo encargado de la operación de las centrales nucleares, además de la medicina para luchar contra el cáncer y la investigación de minerales como el uranio, atraviesa un momento crítico, según advirtió Carolina Komar, investigadora de la Comisión y delegada de ATE. 

 

Como parte del programa económico del gobierno nacional, se redujo un 45,4 por ciento su presupuesto, se destruyó la inversión en bienes de capital y se perdió alrededor de 500 trabajadores, entre despidos y migración hacia el sector privado por los bajos salarios y el titular del organismo, Martin Porro, tuvo que salir de la sede central escoltado por la Gendarmería, que reprimió en los pasillos del edificio a quienes hacían una permanencia pacífica.

 

En este contexto, Komar señaló que, “desde la llegada del Gobierno nacional, el organismo perdió alrededor de 500 trabajadores sobre una planta de 4100 personas. Según explicó, el sector registra un promedio cercano a una renuncia por día, principalmente por el deterioro salarial y la falta de condiciones para sostener líneas de investigación y desarrollo”.

 

El freno al CAREM y la pérdida de soberanía tecnológica: uno de los puntos más preocupantes es la paralización del “CAREM 25”, el reactor modular pequeño desarrollado en Argentina, que ubica al país dentro de una carrera tecnológica clave a nivel mundial, debido sobre todo, a la demanda energética que generan los nuevos centros de datos y la inteligencia artificial.

 

Komar remarcó que el CAREM “no es solo una obra científica, también representa una posibilidad concreta de exportar tecnología argentina, generar valor agregado y sostener capacidades estratégicas propias y por eso, consideró grave que el proyecto haya quedado frenado por decisión política”.

 

Ciencia pública con impacto social: la investigadora, defendió el rol del Estado en el desarrollo nuclear argentino y recordó que “la tecnología producida por la CNEA se financia con recursos públicos y vuelve a la sociedad en áreas sensibles como energía, medicina nuclear, radioisótopos, investigación y desarrollo industrial” y en ese sentido, explicó que “la energía nuclear aporta entre el 8 y el 10 por ciento de la electricidad del país a través de las centrales Atucha I, Atucha II y Embalse. Además, destacó que Argentina fabrica y exporta reactores de investigación, con antecedentes en países como Australia, Egipto y Perú”.

 

Preocupación por los contratos y el futuro del organismo: Komar, también advirtió que hay alrededor de 340 contratos cuya renovación aún genera incertidumbre, frente a lo que “los trabajadores se mantienen en estado de alerta”.

 

Además, señaló que el “desfinanciamiento no solo afecta los salarios, sino que también impacta en servicios básicos para el funcionamiento de los centros atómicos, como limpieza, mantenimiento, seguridad, transporte e incluso el pago de servicios”.

 

Más allá de lo salarial: para Komar, el debate central no se reduce solo al reclamo salarial, aunque lo considera importante porque “el problema de fondo, es el riesgo de perder capacidades científicas y tecnológicas construidas durante décadas”.

 

La investigadora recordó que, “tras el proceso de desguace de los años noventa, el sector tardó años en recomponerse” y por eso, advirtió que “las decisiones actuales pueden tener consecuencias durante las próximas décadas”. 

 

Si Argentina abandona sus desarrollos nucleares estratégicos, no solo pierde trabajadores especializados. También resigna soberanía, conocimiento, industria nacional y herramientas claves para el futuro energético del país” advirtió la investigadora.

 

“Tenemos un reactor de investigación, la mayoría de los proyectos que hacemos dentro del centro técnico Bariloche van destinados a tratamientos oncológicos”, explicó Carolina Natalia Ayala, profesional del Centro Atómico Bariloche y delegada de ATE.

 

Anuncio oficial: el gobierno nacional anunció que no renueva los contratos de casi cien trabajadores con más de 10 años de antigüedad en la institución que culminaron el 1 de este mes y desde ATE y la representación sindical, denuncia que buscan desmantelar ese área por ser clave para la soberanía energética.

 

Luego de la falta de respuestas de las autoridades nacionales, los trabajadores se concentraron en la sede central de la CNEA para reclamar la renovación inmediata de los contratos y denunciar el impacto que las desvinculaciones tendrían sobre proyectos estratégicos vinculados al desarrollo nuclear argentino.

 

El titular de ATE a nivel nacional, Rodolfo Aguiar, denunció que “las bajas afectan a un perfil de personal con alta calificación, lo que incluye profesionales, investigadores, técnicos y personal especializado con más de 10 años de antigüedad”.

 

Represión en la sede centralsegún la información difundida por el gremio, estas personas son quienes sostienen las áreas claves, por lo que la medida es vista como un golpe a la estructura operativa del organismo.

 

Desde el gremio aseguran que los despidos afectan a profesionales calificados son parte de proyectos estratégicos para el país y el reactor multipropósito RA-10, el desarrollo del reactor CAREM y distintas líneas de investigación nuclear como algunos de los ejemplos.

 

“Mientras cientos de familias esperan una definición sobre su futuro laboral, la conducción de la CNEA mantiene cerrados los canales de negociación y no brinda respuestas a los reclamos”, señalaron en un comunicado

 

Un ataque al plan nuclear argentino: “El acervo intelectual que tiene la CNEA se va a ver mermado en algo que entendemos que es claramente un plan para desmantelar el plan nuclear argentino, una inversión de 76 años que la Argentina ha realizado para dominar la energía nuclear con fines pacíficos”, le dijo a este diario Ignacio Cortés, delegado de ATE y trabajador de la CNEA.

 

Según un informe del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (Ciitci), desde que asumió este gobierno, el presupuesto de la CNEA se redujo un 45,4 por ciento y se destruyó su inversión en bienes de capital (descendió un 53,4 por ciento. 

 

El investigador agregó que esto “no tiene nada que ver con una situación de restricción presupuestaria y va más allá del ajuste económico que plantea el gobierno actual. No se puede entender la situación sin prestar atención al papel que está jugando Argentina en la geopolítica actual y a la lucha global por el poder energético y el relanzamiento del sector nuclear a nivel mundial”.

 

Supeavits: si se mira en términos económicos hay dos grandes empresas superavitarias que son controladas por la CNEAde las que una es Atucha, que depende de Nucleoeléctrica Argentina, que tuvo números positivos por 90.304 millones de pesos en 2025 y la otra, es Dioxitek, que produce pastillas de uranio y generó 19.204 millones, según informó el director de CEPA, Hernán Letcher.

 

El uranio al servicio de Estados Unidos: para contextualizar estos despidos hay que tener en cuenta también lo que pasó en mayo de este año, cuando el Gobierno habilitó a que las empresas privadas nacionales e internacionales puedan recorrer las instalaciones de la CNEA para ver qué si hay activos nucleares que les interesen “para posibles iniciativas privadas”. 

 

Parece irreal, pero no lo es. Se trata del Procedimiento de Acceso Preliminar, que ofrece en el menú de la CNEA activos tales como el reactor RA-10 –que quedó casi listo desde la gestión anterior–, y el uranio, un recurso estratégico, bajo la jurisdicción de CNEA, que está en Chubut, Mendoza y Salta, entre otros. 

 

“Las empresas pueden pasear por la institución y solicitar información, que es confidencial y sensible, y que es fruto del trabajo de más de 70 años, el know how de la institución”, explicó Ayala.

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