Tras quince años en los que el teléfono celular acaparó el protagonismo, los agentes de IA necesitan algo que smatrphone no puede darles
En apenas dos días se produjeron tres grandes noticias para la computación de uso habitual, y de manera más específica, la computadora de escritorio, en cualquiera de sus versiones:
Luego de quince años viendo cómo el teléfono celular acaparó el protagonismo de la vida diaria, con la computadora relegada a dispositivo secundario con las excepciones de transiciones de arquitectura como Apple Silicon y ARM en Windows, ahora las tres grandes apuestan a la vez por lo contrario, ya que los agentes necesitan algo que el móvil no puede darles.
Por qué con el móvil no basta: el smartphone se construyó sobre la idea de que cada aplicación vive en su sandbox o espaciod e pruebas virtual y no puede tocar la de al lado y eso es lo que lo hizo seguro y distinto, a las computadoras.
También es lo que lo vuelve hostil para un agente, cuyo trabajo consiste en saltar de una caja a otra: leer un correo, consultar el calendario, hacer una reserva, guardar un PDF...
Muse, el agente de Meta, es un ejemplo reciente: asigna a cada usuario un ordenador virtual en la nube que navega, completa tareas y sigue trabajando aunque se cierre la app.
Muse se usa desde el celular, pero no trabaja en él y el teléfono es un mando a distancia porque el trabajo real ocurre en una computadora de Meta, al igual que en Instinct o a Grok Bot.
Tres empresas y una misma apuesta: en la próxima versión de Windows, un agente con identidad local aparecerá en el Administrador de Tareas como un usuario más.
Esto tiene sentido: sus sesiones duran horas y usa varios programas a la vez, al igual que un humano, pero un sistema operativo pensado para alguien sentado ante el teclado, se va a adaptar a un usuario que no tiene manos pero que cada vez importa más.
Google, por su parte, renuncia a su tesis anterior, ya que el Chromebook que hemos visto durante casi tres lustros partía de que el celular no importaba demasiado, así que lo enfocaron como una ventana barata al navegador.
El Googlebook, en cambio, juega en la liga del MacBook y Rick Osterloh lo describió en The Verge como el gran movimiento de enfoque de la empresa, pero Google ya no quiere que la computadora sea irrelevante, sino que quiere que sea, ante todo, “tuyo”.
En el caso de Apple, lo notable del Mac Studio no es su rendimiento, sino lo bien que le viene el salto a ARM y memoria unificada que hicieron en 2020 y una arquitectura que lo hace especialmente idóneo para usar IA en local, incluidos agentes.
La computadora, sirve a los agentes porque es abierto: cualquier programa puede leer ficheros o tocar la configuración de otro y es justo lo que el celular cerró, y es justo la costura que ya mostrado Muse a su pesar: Ars Technica encontró una falla en su versión para Mac: cualquier aplicación podía redirigir el dictado a un servidor del atacante y quedarse con el token de la cuenta.
Meta, solo tardó unas horas en la reparación, pero la lección no se olvida: un agente con acceso a correo, pagos y disco multiplica el daño de cualquier malware y no es casual que Amazon citara la seguridad al bloquear a Muse.
La respuesta de Microsoft, la de dar una identidad a cada agente, recupera una idea tan antigua como las cuentas de usuario para separar lo que cada uno puede tocar y lo que no, pero ahora muchos de esos usuarios no son personas.
La computadora importa más, justo cuando es más caro tenerlo: mientras tanto, el mercado del PC se hunden e IDC prevé una caída de ventas superior al 11 por ciento este año, en parte por la escasez de RAM y NAND que provocan los centros de datos de IA.
Ante esta situación, conviven así dos modelos:
Durante años, los especialistas se preguntaron si en algún momento el teléfono celular reemplazaría a la computadora mediante una convergencia que se espera desde hace mucho tiempo, sin que haya avanzado gran cosa.
La respuesta fue otra: vuelve a ser imprescindible porque quien lo usa ya no es solo quien se sienta delante y la pregunta para los próximos años no va a ser solo “¿qué computadora compro” sino “en la computadora de quién vive el agente que actúa por mí”.
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