Valeria Blanco lleva adelante un proyecto que busca aprovechar las propiedades de estos organismos microscópicos para desarrollar nuevos materiales y abrir oportunidades de producción
Buenos Aires-(Nomyc)-A simple vista son casi invisibles, flotan en el mar, forman parte del fitoplancton y tienen una característica que parece salida de una película de ciencia ficción: están protegidas por una estructura rígida de sílice que funciona como un esqueleto, pero para Valeria Blanco, investigadora argentina del Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona, esas diminutas algas pueden esconder una respuesta a uno de los desafíos de la tecnología actual: mejorar el funcionamiento de las Baterías de Litio.
Las protagonistas, son las “Algas Diatomeas”, organismos unicelulares que viven en ambientes acuáticos, que desarrollaron a lo largo de la evolución, estructuras microscópicas con poros de diferentes tamaños y esa capacidad de la naturaleza para construir materiales complejos, despertó la curiosidad de esta científica argentina, que encontró allí una posible aplicación para el desarrollo de nuevos materiales.
La investigadora, nació en Mercedes, provincia de Buenos Aires, pero migró a La Plata en 2004 para empezar a estudiar en la facultad y sobre sus inicios cuenta, “Ya en el secundario quería hacer algo que involucrara a la naturaleza e imaginaba, por ejemplo, ser guardaparques, pero en una guía sobre carreras universitarias descubrí la Licenciatura en Química y Tecnología Ambiental”.
“Fue mucha incertidumbre, porque era una carrera nueva y solo dos nos habíamos anotado. Me acuerdo de que me preguntaba si, con tan poca gente, había garantías de que la sostuvieran en el tiempo y además, en la secundaria, solo me había ido mal en química”, rememora, entre risas, desde Cataluña, España.
“La idea, es que vayas afuera y vuelvas con ideas nuevas. Así, los dos aplicamos para entrar al CONICET y también buscábamos oportunidades en el exterior”, recuerda.
Luego de haber ingresado al Laboratorio Europeo de Radiación Sincrotrón, uno de los más importantes del mundo en el estudio de materiales, trabajó en Noruega, donde empezó a abrirse el camino que hoy transita Valeria, que para ese entonces ya tenía dos posdoctorados.
“Cuando llegamos empecé a colaborar en temas de baterías, algo de lo que no sabía nada. Y también tuve el primer contacto con las Algas Diatomeas, que son una especie de alga que vive dentro de un esqueleto que la protege y regula los nutrientes que le entran, la temperatura, la salinidad del agua, le crea las condiciones de vida” explica la científica.
“Ese esqueleto, está formado por Silice, un material que puede utilizarse como precursor para fabricar materiales de silicio empleados en baterías de litio”, cuenta Blanco.
Probar para entender: una batería, está compuesta por un electrodo positivo, otro negativo y un electrolito y para fabricar el electrodo negativo, se necesitan materiales capaces de reaccionar con el Litio y uno de ellos es el Silicio, que se obtiene a partir del Óxido de Silicio y que, para funcionar de manera eficiente, debe tener determinadas características.
“Para el negativo necesitamos un material que reaccione ante el Litio y para eso se usa el Silicio, que se saca del Óxido de Silicio y tiene que ser una nanoestructura, con dureza y, a la vez, porosa, para que se pueda expandir y achicar con facilidad”, describe la investigadora.
En ese momento Blanco encontró una característica de las Diatomeas que podía resultar muy interesante sobre lo que explica “Lo que noté es que `el esqueleto del alga de diatomea ya está nanoestructurada` y trabajando con biólogos, aprendí que dependiendo de las condiciones ambientales en la que crezca el alga esos poros pueden variar de tamaño porque el alga se adapta, es lo que llamamos plasticidad morfológica”.
En su recorrido científico, la argentina llegó junto a su marido a España, donde encontró una nueva oportunidad para profundizar su investigación, sobre lo que cuenta “Recién había entrado a trabajar en el Instituto de Ciencias de Materiales de Barcelona y escuchaba que mis colegas hablaban entusiasmados de unas becas Leonardo, que otorga la Fundación BBVA”.
“Acostumbrada a la Argentina, donde una beca es como conseguirte un sueldo para investigar, yo pensaba que ya me estaban pagando para eso, entonces no le di importancia” continúa.
Después, entendió que se trataba de otra cosa: un apoyo económico específico para desarrollar un proyecto de investigación y “Ahí me entusiasmé, pero después, cuando vi las trayectorias de los seleccionados en ediciones anteriores, dije: ‘Esto no es para mí’”, cuenta al recordar el nivel de autoexigencia que tenía en ese momento.
Luego de esto, presentó una propuesta para investigar cómo se forma el esqueleto de estas algas y cómo se pueden modificar sus características para optimizar el uso de ese material, aunque no solo para las baterías, ya que esas estructuras también podrían tener aplicaciones en campos como la nanomedicina.
De los Fiordos al laboratorio: los primeros estudios de las Algas Valeria fueron en Noruega y “Había que limpiar el esqueleto, reconocer su tamaño, su potencial y en ese momento, había una empresa de ese país que recolectaba algas en los Fiordos para fabricar alimentos para peces” explica la científica argentina.
“Entonces me regalaba algunas muestras que llegaban en sachets llenos de agua verde. Yo tamizaba eso, lo limpiaba y secaba y el resultado, era un polvo blanco”, continúa Blanco.
En la actualidad, la investigadora está prueba su tesis: “mejorar la performance de las baterías mediante un cultivo racional de las algas diatomeas”.
“Su aplicación es múltiple y puede crecer. En Noruega había una bióloga que las usaba en los paneles solares y cuando ves su potencial, te enamorás. Es la naturaleza haciendo lo que los humanos no podemos; en el laboratorio usan ácido para hacer algo que la naturaleza hace sola”, explica la investigadora.
Además, destaca otras características de estos organismos:
“Estas algas crecen en el mar, a temperatura ambiente, sin contaminar. Incluso, en su crecimiento producen oxígeno y capturan dióxido de carbono. Son responsables de una parte importante del oxígeno que se produce a nivel mundial” destaca.
“De llegar al resultado que esperamos, esto podría crear empleos, se pueden cultivar las algas incluso en terrenos que perdieron su fertilidad o que no son aptos para otros cultivos y en Suecia, hay empresas que las producen en invernaderos”, destaca la científica, que trabaja más de 10 horas por día para avanzar en su investigación, y hasta los fines de semana.
“Contar con la beca me ayudó a poder organizar esto. El impacto podría ser un hito en la bioingeniería de materiales, hasta generar una nueva disciplina y abrir diferentes campos de la ciencia donde se necesiten nanoestructuras optimizadas”, se esperanza.
Oportunidad para científicos y creativos: así como Blanco avanza con su investigación, esta oportunidad se abre por primera vez en el país con el propósito de potenciar a profesionales de la región y dinamizar el ámbito científico, tecnológico y cultural, la Fundación BBVA extendió su programa de Becas Leonardo, que cuenta con más de una década de historia en Europa.
A partir del 21 de septiembre quedará abierta la convocatoria para investigadores y creadores que quieran presentar proyectos en distintas áreas científicas, tecnológicas y culturales y en esta primera edición en el país se elegirán cinco proyectos que se desarrollen en la Argentina, que podrán acceder a becas individuales de hasta U$$50.000
Las áreas contempladas son Ciencias de la Computación, Ciencia de Datos e Inteligencia Artificial; Tecnología Limpia (Cleantech) y Biodiversidad y por último, Creación Literaria y Artes Escénicas.
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