Midieron los sentimientos de los pacientes con la epilepsia que no se controla con medicamentos


En más del 25 por ciento de los casos, las crisis no logran controlarse con los medicamentos habituales y los pacientes sienten miedo, incertidumbre y estigma

 


Categoría: MÉDICAS

Buenos Aires-(Nomyc)-En Argentina, se estima que 1 de cada 100 personas presenta Epilepsia, lo que representa más de 300 mil pacientes, en su mayoría niños y aunque el control de las crisis epilépticas suele ser el principal objetivo terapéutico y de investigación, un nuevo estudio internacional pone de manifiesto que la enfermedad impacta mucho más allá de los episodios convulsivos.

 

El estudio “Global Epilepsy Needs Study2 (GENS), uno de lo más amplios sobre las necesidades psicosociales asociadas a esta enfermedad, fue publicado hace unos días en la revista Epilepsia Open, e identificó necesidades insatisfechas clave en aspectos emocionales, sociales, educativos, laborales y de acceso a la salud en las personas que viven con Epilepsia, en un trabajo que se realizó en base a 5.296 personas y cuidadores de 15 países, entre ellos Argentina, y mediante encuestas y entrevistas, exploraron múltiples dimensiones de la vida.

 

Entre los hallazgos más relevantes, el estudio identificó cinco grandes desafíos comunes a nivel global: la incertidumbre permanente que genera la enfermedad; la exclusión social y el estigma; las dificultades para navegar sistemas de salud, educación y trabajo poco adaptados; la falta de información clara y oportuna; y la necesidad de abordajes más integrales para quienes presentan cuadros complejos.

 

“La epilepsia es una enfermedad neurológica que afecta a más de 50 millones de personas en el mundo, pero durante décadas la investigación estuvo centrada de manera casi exclusiva en el control de las crisis” señaló Lorena Fasulo, neuróloga infantil, del Servicio de Neurología Infantil de la Clínica San Lucas, de Neuquén. 

 

“Hoy sabemos que también tiene consecuencias cognitivas, psicológicas y sociales que pueden impactar de manera profunda en la calidad de vida y que requieren ser abordadas”, continuó la neuróloga infantil.

 

Los resultados de la investigación muestran que las principales necesidades reportadas por los participantes estuvieron relacionadas con el acceso a profesionales especializados, recibir el tratamiento adecuado y oportuno, la capacitación de la comunidad para comprender la enfermedad y brindar asistencia ante una crisis y entre las diez necesidades más frecuentes, también aparecieron reducir los niveles de estrés y aprender a gestionarlo.

 

Uno de los hallazgos más contundentes fue el peso emocional de la enfermedad, ya que el 44 por ciento de los participantes, manifestó necesitar apoyo para manejar el miedo y la ansiedad asociados a las crisis epilépticas y además, las mujeres reportaron con mayor frecuencia necesidades vinculadas al manejo de emociones, el sentimiento de aislamiento y la reducción del estrés.

 

El informe, reveló que muchos pacientes viven con una sensación constante de incertidumbre por la imprevisibilidad de las crisis que genera el temor a desarrollar una en espacios públicos, la preocupación por lesiones graves y las dificultades para planificar actividades fueron temas recurrentes entre los participantes. 

 

Otro aspecto destacado, fue el impacto del estigma ya que el estudio señala que, por desconocimiento, persisten prejuicios, discriminación y aislamiento social, lo que agrava la carga emocional de los pacientes.

 

“Las crisis son la manifestación más visible de la epilepsia, pero no el único desafío. Muchos pacientes enfrentan dificultades para estudiar, trabajar, relacionarse o desarrollar proyectos de vida” explicó Fasuolo. 

 

“Por eso es fundamental adoptar una mirada integral que contemple también la salud mental, el funcionamiento cognitivo, la inclusión social y el acompañamiento familiar", continuó la especialista.

 

Cuando las crisis persisten: aunque existen múltiples opciones farmacológicas para su tratamiento, 3 de cada 10 pacientes no controlan su cuadro con los medicamentos; presentan lo que se conoce como epilepsia farmacorresistente.

 

En estos casos, una de las opciones, y la que cuenta con más de un siglo de evidencia de sus beneficios9, es la Terapia Cetogénica (TC), una alternativa no farmacológica que consiste en un plan de alimentación específico, con muy alto contenido de grasas, adecuado de proteínas y muy bajo de hidratos de carbono.

 

Al implementarlo, el organismo deja de utilizar la glucosa como principal fuente de energía y a partir de las grasas, comienza a producir unas sustancias llamadas “cuerpos cetónicos”, que generan cambios en el funcionamiento cerebral que pueden disminuir la frecuencia e intensidad de las crisis epilépticas.

 

Según cuál sea la modalidad indicada por el equipo médico, la alimentación suele incluir alimentos ricos en grasas, como aceites, crema, manteca, palta, frutos secos y quesos, además de carnes, pescado, huevos y cantidades controladas de frutas y verduras, mientras que limita el consumo de azúcar, alimentos dulces y productos elaborados a base de cereales y harinas, como pan, pastas y galletitas.

 

Además del control de las crisis, distintos estudios mostraron beneficios adicionales sobre funciones cognitivas y aspectos como la atención, la concentración, el nivel de alerta y la calidad de vida, lo que también es percibido, según resultados de una encuesta a padres y madres de niños con este tipo de Epilepsia15. 

 

Allí, la mitad de los padres consideró que la TC mejoró la calidad de vida de sus hijos, 8 de cada 10 valoraron poder hacer algo para ayudar a sus hijos; el 75 por ciento valoró poder reducir la ingesta de medicamentos; y el 45 por ciento expresó que le hubiera gustado conocer esta alternativa antes, mientras que el 53 por ciento de los encuestados afirmó que presenta mejor perfil de seguridad que las drogas antiepilépticas.

 

Sostener la adherencia a esta terapia, es un desafío inclusive para las familias que logran controlar las crisis16 y para facilitar la elaboración de alimentos -y el cumplimiento del tratamiento, existen fórmulas nutricionales desarrolladas de manera específica para aportar los macro y micronutrientes necesarios en su proporción adecuada y que pueden reemplazar alguna de las comidas o simplificar el proceso y ser parte de la elaboración de fideos, panes, muffins o panqueques, entre otros. 

 

Estas fórmulas nutricionales están cubiertas al 100% por las obras sociales y prepagas o por el Estado para aquellos sin cobertura médica, por la Ley de Discapacidad (n°22.431 y n° 24.901) y por la Ley de Epilepsia (n 25.404).

 

“En el sitio www.hablemosdeepilepsia.com.ar pacientes y familias pueden acceder a información confiable, conocer más sobre la TC y solicitar una consulta virtual gratuita con especialistas para evaluar si esta alternativa es adecuada en cada caso” continúa la especialista que agrega “También incluye un mapa geolocalizado con centros especializados en el tratamiento de la epilepsia con equipos entrenados en TC”.

 

“Cuando no se logra un control adecuado de las crisis con la medicación, es importante que los pacientes y sus familias sepan que existen otras alternativas que pueden aportar beneficios que mejoren de manera significativa la vida del paciente y eso repercute en todo su núcleo familiar” concluyó Fasuolo.

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