Desde la Asociación Civil SOSTÉN advierten que la pérdida de masa muscular y las dificultades para alimentarse pueden comprometer la tolerancia a los tratamientos y la calidad de vida
Buenos Aires-(Nomyc)-En oncología, el estado nutricional suele asociarse con el bienestar general del paciente, aunque sin embargo, en algunos tipos de cáncer, la alimentación adquiere una relevancia aún mayor porque la propia enfermedad puede interferir de manera directa con la capacidad de comer como en Tumores de Cabeza y Cuello, cuyo día mundial se conmemora hoy, cuadros que impactan en estructuras fundamentales para funciones cotidianas como masticar, deglutir, hablar o respirar.
Este cáncer, afecta de dos a cuatro veces más a los hombres que a las mujeres y se manifiesta sobre todo en mayores de 50 años y se calcula que en el país hay alrededor de 3 mil nuevos casos por año, pero crece su incidencia en el mundo, con un incremento anual previsto del 30 por ciento, para 2030.
La localización del tumor puede generar dolor al tragar, dificultades para masticar, sensación de obstrucción, alteraciones del gusto o pérdida del apetito, a lo que se suman los efectos adversos de terapias como la cirugía, la radioterapia o la quimioterapia, que pueden provocar mucositis, es decir úlceras en el interior del tracto digestivo, inflamación, sequedad bucal y otros síntomas que dificultan aún más la alimentación.
Los especialistas consideran a estos pacientes entre los más vulnerables desde el punto de vista nutricional, ya que diversos estudios muestran que la prevalencia de desnutrición en pacientes con cáncer de cabeza y cuello es una de las más elevadas entre los distintos tipos de tumores, debido tanto al impacto directo de la enfermedad como a las consecuencias derivadas de los tratamientos.
“Cuando una persona deja de alimentarse adecuadamente durante varias semanas baja de peso, pero también pierde masa muscular, fuerza y capacidad funcional, lo que puede afectar su autonomía, su calidad de vida e incluso la posibilidad de completar los tratamientos según lo planificado”, explicó Agustina Senese, licenciada en Nutrición, jefa de Cuidados Paliativos del Hospital General de Agudos ‘Dr. Cosme Argerich’ y coordinadora del área de Nutrición SOSTEN.
Preocupa, también, el desarrollo de Sarcopenia, que es la pérdida progresiva de masa y función muscular y aunque ésta suele asociarse al envejecimiento, también es frecuente en pacientes con cáncer y puede presentarse incluso en personas que mantienen un peso “NORMAL”.
La evidencia científica muestra que la pérdida de masa muscular se asocia con mayores tasas de complicaciones, internaciones más prolongadas, menor tolerancia a los tratamientos y peores resultados clínicos, por lo que cada vez más guías internacionales recomiendan evaluar el estado nutricional de manera sistemática desde etapas tempranas de la enfermedad.
Otro aspecto relevante en los tumores de cabeza y cuello es la dificultad para tragar Disfa ogia, lo que puede comprometer la hidratación, limitar la ingesta de alimentos y aumentar el riesgo de complicaciones respiratorias, generando un impacto grande sobre en la vida de los pacientes.
Para SOSTÉN la atención nutricional debe formar parte de un abordaje interdisciplinario integrado por oncólogos, cirujanos, fonoaudiólogos y psicólogos, entre otros especialista por lo que: “la nutrición deja de ser únicamente una recomendación general de hábitos saludables para convertirse en una intervención terapéutica concreta. Detectar precozmente las dificultades para alimentarse permite actuar antes de que aparezcan complicaciones severas”, agregó Senese.
“La nutrición sigue siendo una dimensión subestimada dentro del cuidado oncológico, a pesar de que influye directamente en la evolución clínica del paciente y en su bienestar. Cuando hablamos de un #TratamientoCompleto también hablamos de sostener aquello que permite a las personas seguir haciendo su vida cotidiana. Comer, compartir en familia o poder realizar actividades básicas son aspectos clave que pueden quedar invisibilizados, pero merecen la misma atención que otros componentes del tratamiento” sostuvo María Alejandra Iglesias, presidente de SOSTEN.
En un contexto en el que cada vez más personas sobreviven al cáncer o conviven con la enfermedad durante períodos prolongados, los especialistas coinciden en que incorporar la evaluación y el acompañamiento nutricional desde etapas tempranas constituye una oportunidad concreta para mejorar resultados clínicos, reducir complicaciones y preservar la calidad de vida.
Los cánceres de cabeza y cuello constituyen uno de los grupos tumorales más frecuentes a nivel mundial y se estima que cada año se diagnostican cerca de 950 mil nuevos casos en todo el mundo y los principales factores de riesgo, todavía son el consumo de tabaco y alcohol, aunque crece la relevancia de la infección por el virus del papiloma humano (VPH).
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