Especialistas destacan la importancia de la prevención frente a una amenaza global en expansión


Aunque está por comenzar en invierno hay que continuar con la prevención de la enfermedad 


Categoría: MÉDICAS

Buenos Aires-(Nomyc)-El Día Mundial del Dengue, que se conmemoró hace unos días, es una iniciativa internacional que busca aumentar la conciencia sobre una de las enfermedades infecciosas de más rápido crecimiento en el planeta y promover acciones coordinadas para enfrentar una amenaza que ya trasciende fronteras geográficas, climáticas y sanitarias.

 

La edición 2026 se desarrolló bajo el lema “One World Against Dengue” o “Un mundo contra el dengue”, lo que refleja una realidad epidemiológica cada vez más evidente: el dengue dejó de ser una enfermedad limitada a determinadas regiones tropicales para convertirse en un desafío global que exige respuestas integradas y sostenidas.

 

Más de la mitad de la población mundial vive, en la actualidad, en zonas con riesgo de transmisión y se estima que ocurren alrededor de 390 millones de infecciones cada año y durante 2024, se registró el mayor número de casos de dengue documentado a nivel mundial, con más de 14,6 millones de notificaciones y más de 12.000 muertes reportadas en más de 100 países, una cifra que refleja el crecimiento sostenido de la enfermedad durante las últimas dos décadas.

 

Los especialistas, coinciden en que múltiples factores explican este fenómeno y el cambio climático, favorece la expansión geográfica de los mosquitos transmisores hacia zonas donde antes no podían sobrevivir y al mismo tiempo, la urbanización acelerada, los movimientos migratorios, el incremento de los viajes internacionales y la acumulación de agua estancada en recipientes generan condiciones propicias para la proliferación y diseminación del mosquito Aedes aegypti, principal vector del virus.

 

La enfermedad es una patología viral, causada por cualquiera de los cuatro serotipos del virus dengue: DENV-1, DENV-2, DENV-3 y DENV-4 y aunque estos serotipos pertenecen a la misma familia viral, presentan diferencias biológicas y epidemiológicas que complejizan tanto el control de la enfermedad como el desarrollo de herramientas preventivas.

 

Una característica que presenta un desafío particular de la enfermedad, es que una persona puede infectarse más de una vez a lo largo de su vida ya que la infección por uno de los serotipos genera inmunidad duradera frente a ese mismo serotipo, pero no protege completamente frente a los restantes. 

 

Por el contrario, una segunda infección causada por un serotipo diferente puede asociarse con un mayor riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad, fenómeno ampliamente documentado por la literatura científica.

 

“El dengue es una enfermedad extraordinariamente compleja desde el punto de vista inmunológico. La coexistencia de cuatro serotipos diferentes obliga a pensar estrategias preventivas que contemplen esa diversidad viral” explicó Tomás Orduna, médico infectólogo tropicalista, Consultor de Medicina Tropical y Medicina del Viajero del Hospital Muñiz. 

 

“Por eso resulta especialmente relevante disponer de herramientas desarrolladas específicamente para brindar protección frente a los cuatro serotipos” agregó el especialista.

 

Argentina no es ajena a esta realidad, ya que durante la temporada 2023-2024, el país registró el mayor brote de dengue de su historia reciente, con más de 580 mil casos confirmados y 419 fallecimientos, según datos oficiales y en los últimos años, el país experimentó una expansión geográfica del dengue y una reducción de la variabilidad inter estacional. 

 

Frente a este escenario, los especialistas destacan que la prevención debe sustentarse en estrategias integrales y complementarias y el control de criaderos, la vigilancia epidemiológica, fortalecer los sistemas de diagnóstico, la educación sanitaria y la vacunación constituyen componentes que deben actuar de manera coordinada para maximizar el impacto de las intervenciones.

 

“La experiencia internacional demuestra que ninguna medida aislada es suficiente para controlar el dengue y necesitamos enfoques integrados que combinen diferentes herramientas de prevención y que puedan sostenerse en el tiempo” sostuvo Pablo Bonvehí, médico infectólogo, jefe de Infectología del Hospital Universitario CEMIC y miembro del Comité de Vacunas de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI).

 

“La vacunación representa una de esas herramientas y debe ser entendida como parte de una estrategia más amplia de salud pública”, agregó Bonvehí.

 

En la actualidad, en Argentina, se encuentra disponible la vacuna tetravalente contra el dengue aprobada por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) en 2023 para personas a partir de los 4 años. 

 

Uno de los aspectos más relevantes de esta vacuna es que fue diseñada para brindar protección frente a los cuatro serotipos del virus dengue, una característica particularmente importante en regiones donde circulan simultáneamente diferentes variantes virales.

 

Además, cuenta con uno de los programas clínicos más extensos desarrollados para una vacuna contra el dengue y los estudios realizados, incluyeron decenas de miles de participantes en diferentes países endémicos y permitieron evaluar tanto la eficacia como la seguridad de la vacuna durante períodos prolongados. 

 

A la fecha se han entregado más de 24 millones de dosis en más de 40 países, permitiendo ampliar el conocimiento sobre su utilización en condiciones reales y aportando información complementaria a la obtenida en los ensayos clínicos.

 

Los resultados de seguimiento a largo plazo muestran que la vacuna mantuvo una elevada capacidad de protección frente a las hospitalizaciones asociadas al dengue, alcanzando una eficacia del 84,1 por ciento a los 4,5 años de observación.  

 

Además, luego de la administración de una dosis de refuerzo, la protección frente a hospitalizaciones fue del 90,6 por ciento a los 2,5 años y la eficacia, se evidenció frente a los cuatro serotipos del virus del dengue durante un período de seguimiento de siete años, mientras que en materia de seguridad, no se identificaron nuevos hallazgos ni eventos inesperados tras la aplicación del refuerzo.

 

“Entre los resultados cabe destacar un estudio de vigilancia pasiva realizado en Argentina en donde se confirmó el perfil de seguridad de la vacuna. Sin diferencias entre adultos mayores de 60 años con respecto al resto de la población”, agregó Bonvehí, quien también es miembro del Departamento Científico de la Fundación Vacunar.

 

“Cuando analizamos una vacuna destinada a prevenir una enfermedad tan relevante para la salud pública, no alcanza con observar únicamente los resultados iniciales” explicó Orduna. 

 

“El seguimiento a 7 años de un estudio clínico constituye una fortaleza indiscutible y a ello, se suma la inclusión de la vacuna en programas de inmunización en varios países, además de la Argentina, como Paraguay, Colombia, Perú, Honduras e Indonesia”, concluyó Orduna. 

 

“Más allá de los avances alcanzados en materia de vacunación, la participación comunitaria es indispensable, porque la eliminación de recipientes que puedan acumular agua, la limpieza de patios y jardines, el mantenimiento adecuado de tanques y depósitos, la utilización de repelentes y la consulta médica temprana ante síntomas compatibles, son fundamentales para reducir el riesgo de transmisión”, concluyó Bonvehí.  

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