Enfermedad de Fabry: la importancia de sospecharlo a tiempo


En el Mes de la Enfermedad de Fabry especialistas advirtieron sobre el retraso diagnóstico de una patología genética poco frecuente que puede manifestarse desde la infancia con síntomas inespecíficos


Categoría: MÉDICAS

Buenos Aires-(Nomyc)-Abril es reconocido a nivel internacional como el Mes de la Enfermedad de Fabry, una instancia clave para visibilizar una patología de origen genético, poco frecuente que, pese a haber sido descripta hace más de un siglo, todavía es subdiagnosticada en todo el mundo ya que la enfermedad, causada por la deficiencia de la actividad de una enzima que se llama Alfa-galactosidasa A, provoca la acumulación progresiva de una sustancia denominada Globotriaosilceramida o Gb3, en distintos tejidos del organismo, lo que desencadena un amplio espectro de manifestaciones clínicas que afectan principalmente al sistema nervioso, al corazón y a los riñones.

 

Según datos epidemiológicos internacionales, la prevalencia de la Enfermedad de Fabry varían de 1 en 117 mil a 1 en 11.854 nacidos vivos, aunque se estima que su prevalencia real podría ser mayor debido al subdiagnóstico y en Argentina, extrapolaciones sugieren que habría entre 1000 y 1500 casos, pero solo una fracción de ellos fue identificada, lo que refleja uno de los principales desafíos en el abordaje de esta enfermedad: la dificultad para reconocerla a tiempo.

 

“La enfermedad de Fabry es un ejemplo de cómo los síntomas inespecíficos pueden retrasar durante años un diagnóstico correcto, ya que los pacientes consultan de manera reiterada por dolor, molestias digestivas o lesiones en la piel, pero muchas veces estos signos se interpretan de manera aislada, lo que hace que el paciente peregrine entre consultorios médicos para obtener respuestas” explica Cintia Marchesoni, en neurologa y Neurofisiología, del staff del Servicio de Neurología del Hospital Británico de Buenos Aires.

 

“Esto genera lo que llamamos una ‘odisea diagnóstica’, que puede extenderse durante más de una década”, agrega la especialista.

 

Múltiples estudios señalan que, en promedio, los pacientes con Fabry tardan entre 10 y 20 años en obtener un diagnóstico definitivo, lo que tiene consecuencias clínicas significativas, ya que durante ese tiempo la enfermedad progresa de manera silenciosa, por lo que se acumula daño irreversible en órganos vitales. 

 

Uno de los aspectos más complejos de la enfermedad de Fabry es su heterogeneidad clínica, ya que los síntomas suelen comenzar en la infancia, con episodios de dolor neuropático caracterizado por sensación de ardor o quemazón en manos y pies y este dolor, puede ser desencadenado por el ejercicio, la fiebre, el estrés o los cambios de temperatura, y en muchos casos resulta invalidante. 

 

A esto se suman manifestaciones gastrointestinales como dolor abdominal recurrente, náuseas, diarrea o constipación, así como la falta de sudoración es decir hipohidrosis, lesiones cutáneas llamadas angioqueratomas y alteraciones oculares detectables mediante estudios especializados.

 

“La intensidad del dolor neuropático en Fabry no siempre es comprendida. Hay pacientes que desde niños tienen que interrumpir sus actividades cotidianas por crisis de dolor muy severas, condicionando su calidad de vida”, señaló Marchesoni.

 

A medida que la enfermedad progresa, suelen aparecer complicaciones más graves, como insuficiencia renal, miocardiopatía hipertrófica y accidentes cerebrovasculares y de hecho, los pacientes con Fabry tienen un riesgo mayor de sufrir un ACV a edades tempranas en comparación con la población general, especialmente en ausencia de tratamiento.

 

La enfermedad, se transmite de manera hereditaria ligada al cromosoma X, lo que implica que los hombres presentan formas más severas, mientras que las mujeres pueden tener manifestaciones variables y en la actualidad se reconoce que las mujeres no son meras portadoras, sino que también pueden desarrollar síntomas clínicamente relevantes, lo que hace que cada diagnóstico, tenga un impacto familiar significativo.

 

“Detectar un caso de Fabry, no significa identificar a un solo paciente, sino abrir la puerta a un diagnóstico en cadena dentro de su familia ya que, en muchos casos, a partir de un paciente-índice se identifican múltiples familiares afectados que desconocían su condición”, afirmó Marchesoni. 

 

Este concepto de “pesquisa familiar” es fundamental en muchas enfermedades de origen genético, ya que se estima que por cada persona diagnosticada pueden identificarse hasta 10 familiares adicionales con la enfermedad, lo que permite ampliar el diagnóstico y también intervenir tempranamente en individuos que aún no presentan daño orgánico avanzado.

 

En cuanto a los tratamientos, en las últimas dos décadas se produjeron avances significativos, ya que la Terapia de Reemplazo Enzimático (TRE), que consiste en la administración intravenosa periódica de la enzima que falta, demostró ser eficaz para reducir la acumulación de Gb3 y mejorar la función de órganos afectados y estudios longitudinales evidenciaron beneficios en la función renal, cardíaca y en la reducción del dolor neuropático. 

 

“El tratamiento cambió de manera radical la historia natural de la enfermedad de Fabry y hoy, podemos hablar de una mejora en la calidad de vida y, de alcanzar un enlentecimiento significativo en la progresión del daño orgánico”, indicó Marchesoni. 

 

“Pero para esto es fundamental un diagnóstico precoz con un inicio temprano del tratamiento, por lo cual, existe una ventana terapéutica que no debemos perder” agrega.

 

A pesar de estos avances, persisten desafíos importantes en el acceso al diagnóstico y al tratamiento, entre los que se destacan la baja sospecha clínica, el error diagnóstico y las barreras en la cobertura de determinadas prácticas. 

 

Pese a esto, en Argentina existen iniciativas que facilitan el diagnóstico, como el test enzimático y genético de acceso gratuito a partir de muestras de sangre seca, que puede ser enviado a laboratorios especializados para su análisis.

 

El impacto de la enfermedad de Fabry va más allá del plano físico, ya que al tratarse de una condición crónica y hereditaria, también tiene implicancias emocionales, económicas, sociales y familiares y los pacientes, suelen enfrentar incertidumbre sobre su evolución, temor al rechazo y dificultades en la planificación de proyectos de vida y la depresión, es más frecuente en esta población, lo que requiere un abordaje integral que incluya apoyo psicológico.

 

Por todo ello, el desafío es claro: acortar los tiempos entre los primeros síntomas y el diagnóstico para transformar historias marcadas por la incertidumbre en trayectorias acompañadas, donde la información, la sospecha clínica y el trabajo en red puedan cambiar el curso de la enfermedad. 

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