Un análisis de la superficie dental desafía la visión tradicional sobre los primeros homínidos que salieron de África y sugiere una diversidad insospechada en Georgia hace 1,8 millones de años
Buenos Aires-(Nomyc)-En las estribaciones del Cáucaso, en el yacimiento georgiano de Dmanisi, yacen desde hace 1,8 millones de años los restos de algunos de los primeros homínidos que aventuraron salir del continente africano.
Durante décadas, estos cinco fósiles, cuatro adultos y un subadulto, fueron un rompecabezas para los científicos, ya que su extraordinaria diversidad en tamaño y forma, sobre todo en los cráneos, generó un intenso debate: ¿eran todos miembros de una misma especie, el Homo erectus, mostrando una gran diferencia entre machos y hembras? ¿O acaso estábamos ante la evidencia de dos especies distintas viviendo en el mismo lugar y época?
Ahora, un nuevo estudio publicado en la revista PLOS ONE arroja luz sobre este misterio graicas al uso de una pista a menudo subestimada: el tamaño de sus dientes. La investigación concluye que las diferencias observadas apoyan firmemente la hipótesis de que en Dmanisi coexistieron dos taxones distintos, es decir, no una, sino probablemente dos especies humanas primitivas diferentes.
Los fósiles de Dmanisi son famosos por su antigüedad y su variabilidad. Desde su descubrimiento en los años 90, la interpretación predominante los agrupó dentro de la especie Homo erectus, atribuyendo las drásticas diferencias de tamaño, como la existente entre el robusto cráneo D4500 y otros más gráciles como el D2282, a un dimorfismo sexual extremo, similar al que vemos en gorilas o chimpancés.
Sin embargo, esta idea fue contestada en los últimos años, cuando algunos investigadores propusieron que la variación era muy grande para ser solo cuestión de sexo, y que en realidad se trataba de dos especies diferentes, a las que denominaron de manera provisiona “Homo georgicus”, para los especímenes más robustos y primitivos y Homo caucasi, para los más gráciles y modernos y hasta ahora, estos argumentos se basaban de manera principal en el análisis de cráneos, pero el nuevo estudio decidió comprobarlo desde otra perspectiva: la dentición.
Los dientes como un archivo fósil de primer nivel: los dientes se encuentran entre los elementos esqueléticos mejor conservados en el registro fósil y los análisis métricos no son destructivos, por lo que constituyen una poderosa fuente de información sobre la variación morfológica y la taxonomía, señala el artículo. A diferencia de los huesos, que pueden deformarse, los dientes preservan de forma más fiable su forma y tamaño original.
El equipo de investigación, liderado por Victor Nery de la Universidad de São Paulo y con la participación de Walter Neves, Leticia Valota y Mark Hubbe, se centró en el área de la corona (la superficie de masticación) de los dientes posteriores, premolares y molares.
La premisa es sencilla: si todos los individuos de Dmanisi pertenecían a la misma especie, el tamaño de sus dientes, aunque variable, debería agruparse en un patrón coherente con el de otras especies conocidas y si, por el contrario, pertenecían a linajes distintos, “mostrarían afinidades claramente separadas con diferentes grupos de homínidos”.
Para probarlo, construyeron una extensa base de datos con medidas de 1.572 dientes de 1.080 especímenes fósiles, abarcando desde australopitecos como la famosa Lucy (Australopithecus afarensis) hasta neandertales y humanos modernos y entre ellos, incluyeron a tres de los individuos mejor preservados de Dmanisi: el gran cráneo D4500 con su mandíbula D2600, el cráneo D2282 con la mandíbula D211, y el joven D2700 con su mandíbula D2735.
Gracias a uso de una técnica estadística llamada Análisis Discriminante Lineal, los científicos “mapearon” a todos estos fósiles según el tamaño de sus dientes y los resultados, presentados en gráficos y tablas, son reveladores.
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