Alertan por el impacto de la polución ambiental en la Patagonia sobre la salud cardiovascular


En zonas hasta ahora consideradas ‘intactas’, como la Comarca Andina, comienzan a medirse niveles alarmantes de contaminación atmosférica.

 


Categoría: MÉDICAS

Buenos Aires-(Nomyc)-Durante décadas, los paisajes de los Andes Patagónicos representaron una imagen de pureza ambiental, aunque recientes mediciones realizadas por vecinos organizados en El Bolsón, junto a científicos y profesionales de la salud, revelan que esta percepción ya no se condice con la realidad, ya que la Polución del Aire, impulsada por quemas agrícolas, incendios forestales y acumulación de residuos, alcanzó niveles peligrosos, incluso, en estas zonas alejadas de centros urbanos e industriales. 1

“Cuando el aire que respiramos deja de ser limpio, el corazón es uno de los primeros órganos en sufrir las consecuencias. Durante años, creímos que la contaminación atmosférica era un problema exclusivo de grandes ciudades, pero hoy sabemos que sus efectos se expanden, muchas veces de forma invisible, hasta regiones consideradas prístinas”, advirtió Sergio Baratta, presidente de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC).

El disparador de esta preocupación es una investigación publicada en el boletín “Reduxxion” de enero de 2026, en la cual César Berenstein, cardiólogo y miembro del Consejo de Cardioecología y Hábitos Saludables de la SAC, describió la iniciativa comunitaria en El Bolsón, que consistió en la instalación de sensores de monitoreo de la calidad del aire, para medir el material particulado fino (PM2,5), uno de los contaminantes con mayor evidencia de impacto negativo sobre la salud cardiovascular.

El PM2,5 está compuesto por partículas en suspensión con un diámetro menor a 2,5 micrones, capaces de penetrar profundamente en los pulmones y alcanzar el torrente sanguíneo. 

 

Numerosos estudios demostraron que la exposición sostenida a estos contaminantes incrementa el riesgo de desarrollar hipertensión arterial, arritmias, enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca y eventos agudos como el infarto de miocardio y el accidente cerebrovascular y se demostró que un incremento de 10 µg/m³ en los niveles de PM2,5, aumenta un 11 por ciento, el riesgo de muerte cardiovascular. 

“La evidencia es contundente: la polución del aire se comporta como un ‘factor de riesgo cardiovascular silencioso’, que acelera procesos inflamatorios y de aterosclerosis, incluso en personas jóvenes o sin antecedentes”, explicó Berenstein.

 

“Y lo más preocupante es que este daño puede ocurrir con niveles de exposición que previamente eran considerados ‘moderados’, según algunos estándares internacionales” continúa el especialista.

El caso de El Bolsón, expone cómo la percepción de un entorno sano puede desmentirse mediante datos objetivos y en septiembre de 2025, durante la temporada de quemas, los sensores instalados por el grupo Eco Comarca, un equipo de trabajo abocado al estudio de la contaminación ambiental, detectaron niveles de contaminación que llegaron a un Índice de Calidad del Aire (ICA) de 200, una cifra calificada como “muy insalubre”, por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA)-. 

 

Pero lo más alarmante ocurrió en enero de 2026, cuando incendios forestales en la región elevaron el ICA a 350: un nivel considerado “peligroso para la salud” y en ese contexto, la comunidad inició una campaña de comunicación con recomendaciones preventivas para la población: “reducir la actividad al aire libre, sellar las viviendas y, de ser necesario, usar mascarillas N95”.

También, hay que considerar que gran parte de la población se calefacciona y cocina con leña, lo que la expone a altos niveles de polución del aire en su domicilio si los sistemas no son eficientes o no tienen adecuada ventilación.

“Estas medidas de protección inmediata son fundamentales, pero no resuelven el problema estructural. Necesitamos políticas públicas que incluyan sistemas de monitoreo permanentes, regulación efectiva de las quemas, reforestación con especies nativas y educación ambiental, así como dar acceso a sistemas de calefacción y cocina menos contaminantes”, sostuvo Baratta. 

 

“Desde la SAC proponemos que cada provincia cuente con una red de vigilancia de calidad del aire y protocolos de respuesta sanitaria ante eventos de contaminación extrema” agregó. 

En 2021, la Organización Mundial de la Salud (OMS) actualizó sus Guías de Calidad del Aire y estableció que “no existen niveles seguros de exposición prolongada a PM2,5”, e incluso, concentraciones por debajo de los límites anteriores “pueden provocar daño cardiovascular, especialmente en poblaciones vulnerables: personas mayores, niños, embarazadas y pacientes con enfermedades crónicas”.

Según reportes publicados en 2024 se estima que la polución del aire contribuye con 8,1 millones de muertes anuales en el mundo, constituyendo el segundo factor de riesgo de mortalidad a nivel global, sólo por debajo de la hipertensión arterial y más de la mitad de ellos, son de causa cardiovascular. También en niños por debajo de los 5 años de edad constituye la segunda causa de mortalidad luego de la desnutrición.

 

“La buena noticia es que se trata de un factor modificable. Si tomamos decisiones basadas en evidencia -como ocurrió con el tabaco o las grasas trans- podemos reducir sustancialmente el impacto de la contaminación en la salud del corazón”, agregó Berenstein. 

El caso de la Comarca Andina ilustra un fenómeno más amplio que afecta a diversas zonas rurales de la Argentina, ya que en los últimos años, regiones que de manera tradicional eran consideradas “limpias” sufren el impacto del Cambio Climático, la expansión de actividades extractivas y la presión demográfica. 

 

El aumento de incendios forestales, muchos agravados por la proliferación de especies exóticas como el pino, genera emisiones de partículas contaminantes que recorren cientos de kilómetros con el viento, afectando poblaciones que no tienen forma de prevenir ni medir esa exposición.

“Debemos dejar atrás la idea de que vivir en la montaña o el campo garantiza buena salud cardiovascular. Sin datos, no hay protección. Y sin monitoreo ambiental, no hay datos”, enfatizó Baratta. 

 

“La contaminación del aire ya no es un problema del futuro, es una urgencia del presente. Como sociedad científica, nuestra responsabilidad es anticipar daños, generar conciencia y promover políticas que salven vidas. El aire que respiramos también forma parte de la salud cardiovascular”, concluyó el presidente de la SAC.  

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