Nuevo estudio global revela que la eficiencia en el uso del agua explica más del 70 por ciento 80% del aumento en la absorción de carbono de los ecosistemas
Buenos Aires-(Nnomyc)-Durante décadas, buena parte de la comunidad científica asumió que el aumento de las temperaturas obligaría a las plantas a modificar progresivamente su funcionamiento interno para seguir capturando dióxido de carbono de forma eficiente y la lógica, parecía sólida: si el clima se calienta, la fotosíntesis debería adaptarse a temperaturas más altas.
Sin embargo, una nueva investigación internacional liderada por la Universidad Hebrea, de Jerusalén, plantea algo muy distinto, ya que los datos recopilados durante casi veinte años muestran que “los ecosistemas terrestres aumentaron su capacidad para absorber carbono, aunque la temperatura óptima para la fotosíntesis apenas cambió”, lo que obliga a replantear algunas de las hipótesis utilizadas hasta ahora para proyectar la evolución del clima global, ya que los ecosistemas siguen siendo el gran aliado contra el calentamiento global
Bosques, praderas, cultivos y matorrales realizan un trabajo silencioso que resulta fundamental para la estabilidad climática del planeta ya que cada año, retiran de la atmósfera enormes cantidades de dióxido de carbono, para almacenarlo en troncos, raíces, hojas y suelos.
Esta función es muy importante porque ayuda a compensar una parte de las emisiones generadas por la quema de combustibles fósiles, la industria y el transporte y sin esta absorción natural de carbono, la concentración atmosférica de CO₂ sería mucho mayor y el calentamiento global avanzaría a un ritmo todavía más acelerado, por lo que comprender qué factores permiten que las plantas sigan capturando carbono resulta una cuestión estratégica para la planificación climática mundial, ya que la teoría tradicional empieza a mostrar grietas.
La explicación clásica, sostenía que las plantas se adaptaban al aumento de las temperaturas desplazando progresivamente su punto óptimo de funcionamiento, es decir que a medida que el planeta se calentaba, la “maquinaria fotosintética vegetal” se ajustaba para seguir trabajando con eficacia y los investigadores decidieron comprobar esta hipótesis mediante mediciones de intercambio de carbono realizadas sobre el terreno y observaciones por satélite entre los años 2000 y 2019.
Los resultados sorprendieron, incluso, a los propios autores: aunque la capacidad máxima de absorción de carbono aumentó en numerosos ecosistemas, la temperatura ideal para la fotosíntesis apenas se modificó en gran parte del planeta, de maenra especial en zonas frías y secas.
El agua emerge como protagonista inesperada: al analizar los datos con mayor profundidad, se vio un patrón muy claro relacionado con que las plantas, utilizaban el agua de manera más eficiente, en un concepto, conocido como “eficiencia en el uso del agua”, que describe la cantidad de carbono que una planta puede captar por cada unidad de agua consumida y cuando una planta mejora esta relación obtiene más carbono manteniendo un gasto hídrico similar, es decir que dicho de forma sencilla: “produce más biomasa con menos recursos”.
Los investigadores, concluyeron que este factor explica una parte mucho más importante del aumento de la absorción de carbono que la adaptación térmica, lo que resulta muy llamativo porque el fenómeno no solo se observó en regiones áridas, sino que también apareció en bosques templados, ecosistemas tropicales y áreas de clima frío.
Otro elemento destacado fue el aumento de la cobertura vegetal: ya que en muchas regiones del mundo se produjo un fenómeno conocido como “reverdecimiento global”, detectado por satélites desde hace años, en un proceso que implica un incremento de la superficie foliar debido a diversos factores, como el crecimiento de la vegetación, la recuperación de ecosistemas degradados, cambios en las prácticas agrícolas o el efecto fertilizante del propio CO₂ atmosférico.
Más hojas significan más superficie para interceptar la luz solar y realizar la fotosíntesis, lo que aunque parezca obvio, tiene más implicaciones, porque cuando un bosque desarrolla una copa más densa o una zona degradada, recupera cobertura vegetal, la capacidad de captación de carbono puede aumentar de forma significativa durante años.
Las regiones secas: de manera tradicional, se considera que estos territorios son muy vulnerables al cambio climático debido a la escasez de agua y a la creciente frecuencia de sequías, aunque sin embargo, los investigadores observaron que muchas de estas regiones incrementaron su absorción de carbono pese a mostrar escasas señales de adaptación térmica y la explicación, parece estar relacionada con la expansión de la cobertura vegetal y con proyectos de restauración ecológica desarrollados en distintos lugares del mundo.
Países como China impulsaron durante décadas programas masivos de revegetación y control de la desertificación y aunque la efectividad de algunas iniciativas es objeto de debate científico, numerosos proyectos han logrado aumentar la cobertura vegetal en áreas anteriormente degradadas.
Una llamada de atención para los modelos climáticos: los modelos utilizados para predecir la evolución futura del clima son herramientas extremadamente complejas que integran miles de variables y el problema, es que muchas simulaciones han otorgado un peso considerable a las respuestas térmicas de la vegetación.
Si el agua y la estructura de la cubierta vegetal tienen una influencia mayor de la estimada, algunas previsiones podrían estar subestimando o sobrestimando la capacidad real de los ecosistemas para almacenar carbono, lo que no significa que el cambio climático sea menos preocupante, sino que es al contrario.
Una mejor comprensión de estos mecanismos permitirá desarrollar proyecciones más confiables y diseñar estrategias de adaptación mejor fundamentadas, ya que la gestión del agua podría convertirse en una herramienta climática
La restauración de humedales, la recuperación de suelos degradados, la agricultura regenerativa o la reforestación con especies adaptadas al clima local pueden mejorar simultáneamente la disponibilidad de agua y el almacenamiento de carbono.
Qué impacto puede tener en el medio ambiente: si estos resultados se confirman en futuras investigaciones, podrían cambiar la manera en que se diseñan numerosos proyectos de mitigación climática.
Priorizar la salud hídrica de los ecosistemas podría generar beneficios simultáneos:
Además, una vegetación más sana contribuye a regular las temperaturas locales, reducir la erosión y mejorar la calidad del aire, lo que no es poco y en un contexto de calentamiento global acelerado, cada uno de estos beneficios adquiere una importancia creciente para la resiliencia de las comunidades humanas y de los ecosistemas.
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