Un equipo internacional de científicos reprodujo con tecnicas antiguas la transformación de un hongo tóxico en una poción con propiedades psicodélicas que marcaba el clímax de los ritos
Buenos Aires-(Nomyc)-Durante casi dos milenios, cada otoño, una procesión de fieles recorría los 20 kilómetros que separaban Atenas de la ciudad de Eleusis, transportando consigo no solo ofrendas, sino también la esperanza de vislumbrar el más allá y en el interior del Telesterion, el gran salón de iniciación, los peregrinos participaban en los “Misterios de Eleusis”, el rito esotérico más importante de la Antigüedad clásica.
Los asistentes juraban mantener en secreto lo vivido, bajo pena de muerte, aunque sin embargo, las pistas que dejaron los poetas y filósofos de la época referían a una experiencia transformadora: una vivencia que, según Píndaro, permitía conocer “el final de la vida y su comienzo otorgado por Zeus y ahora, un estudio publicado en la revista Scientific Reports por un consorcio de químicos, micólogos y arqueólogos, liderado por la Universidad Nacional y Kapodistríaca de Atenas, ha dado un paso de gigante para resolver este enigma milenario.
Los investigadores demostraron que es posible, utilizando métodos al alcance de las sacerdotisas de Eleusis hace 3.000 años, convertir un hongo parásito y mortal, el cornezuelo del centeno, en una bebida psicodélica y el ingrediente secreto del mítico “Kykeon” podría haber sido, efectivamente, una sustancia visionaria.
La hipótesis que nació en los años 70: la idea de que los Misterios de Eleusis tuvieran un componente psicodélico no es nueva y en 1978, el micólogo Robert Gordon Wasson, el químico Albert Hofmann (el mismo que sintetizó el LSD) y el filólogo Carl A. P. Ruck publicaron “The Road to Eleusis” o El camino a Eleusis.
En él, lanzaban la hipótesis de que el Kykeon, la poción sagrada que bebían los iniciados, contenía un potente alucinógeno derivado del cornezuelo del Centeno o Claviceps purpurea.
Propuesta sugerente: el himno homérico a Deméter, el texto fundacional del culto, describía la bebida como “una mezcla de agua, cebada y menta, aunque los estudiosos sabían que la cebada es un cereal susceptible de ser infectado por el cornezuelo, ya que este hongo, que en invierno se endurece formando estructuras oscuras llamadas “esclerocios”, es un auténtico cóctel químico.
Produce alcaloides del cornezuelo, unas moléculas que, si se ingieren en grandes cantidades o sin el tratamiento adecuado, causan ergotismo, una enfermedad terrible conocida en la Edad Media como “Fuego de San Antonio” y los síntomas, incluyen convulsiones, alucinaciones aterradoras, gangrena en las extremidades y la muerte.
Pero, ¿cómo iban a beber eso los griegos? La respuesta estaba en el procesado: los investigadores plantearon que, mediante un proceso de hidrólisis alcalina —básicamente, al cocinar el hongo en una solución con cenizas, que son ricas en potasa y crean un medio muy básico (lejía), se podrían romper las moléculas tóxicas y transformarlas en otras más simples y psicoactivas, como la amida del ácido lisérgico (LSA), una sustancia química muy similar al LSD pero de origen natural.
Hasta ahora, la hipótesis era solo eso: una teoría fascinante pero sin pruebas experimentales que la respaldaran, al menos en lo que respecta al método exacto que pudieron usar los antiguos.
Reproducir la cocina de una sacerdotisa: el nuevo estudio, liderado por Romanos K. Antonopoulos y Evangelos Dadiotis, puso a prueba esta idea para lo que los científicos no utilizaron tecnología de vanguardia inaccesible para los antiguos, sino que intentaron replicar el proceso tal y como podría haberse realizado en la Antigua Grecia y obtuvieron esclerocios de cornezuelo, los molieron hasta convertirlos en polvo y los sometieron a ebullición en diferentes soluciones.
Para simular la “Lejía” antigua, quemaron madera de olivo y roble para obtener cenizas, las hirvieron en agua y dejaron reposar la mezcla, luego de lo que el líquido resultante, rico en carbonato de potasio, presentaba un pH muy alcalino de 12,5 y a continuación hirvieron el polvo de cornezuelo en esta solución y, como grupo de control, hirvieron la misma cantidad de hongo en agua destilada (neutra).
Los resultados fueron concluyentes: mediante técnicas de análisis químico de alta precisión, como la resonancia magnética nuclear y la cromatografía líquida acoplada a espectrometría de masas, observaron lo que ocurría dentro de los matraces y en las muestras que hirvieron en agua (el grupo de control), los alcaloides tóxicos, conocidos como ergopéptidos (como la ergocristina y la ergocriptina), permanecían intactos y eran, por lo tanto, un veneno peligroso.
Pero en las muestras tratadas con la lejía de cenizas, el panorama químico era muy distinto, ya que los peligrosos ergopéptidos habían desaparecido por completo y en su lugar, surgieron dos nuevas moléculas: la amida del ácido lisérgico (LSA) y su epímero, la iso-LSA por lo que el proceso de hidrólisis alcalina, había roto las moléculas complejas y tóxicas, transformándolas en estas otras, mucho más simples y con conocidas propiedades psicoactivas.
¿Es seguro y psicoactivo?: la gran pregunta es si esta mezcla resultante sería segura para el consumo humano y si tendría algún efecto. Los investigadores abordan ambas cuestiones.
“En primer lugar, la seguridad: aunque en las muestras tratadas desaparecieron los ergopéptidos más peligrosos (los responsables de la gangrena), persistieron trazas de otras dos sustancias: la ergometrina (Em) y su epímero, la ergometrinina (Emn), pero sin embargo, los autores matizan que estas son amidas simples del ácido lisérgico, con un perfil medicinal conocido y una toxicidad vasoconstrictora significativamente menor y en el contexto de los Misterios de Eleusis, la desintoxicación implica principalmente la eliminación de los ergopéptidos letales, un requisito que se cumple satisfactoriamente con el tratamiento alcalino”, afirman en la discusión de sus resultados.
En cuanto a la psicoactividad, el estudio repasa la literatura científica existente, ya que la LSA es conocida desde hace décadas como el principio activo de las semillas de Tlitliltzin o Ololiuhqui, plantas sagradas para los aztecas y otros pueblos mesoamericanos y estudios farmacológicos citados en el artículo muestran que la LSA tiene afinidad por los receptores de serotonina 5-HT2A, los mismos implicados en los efectos del LSD, aunque con una potencia menor.
La iso-LSA, de manera tradicional es considerada inactiva, estudios más recientes demuestran que también se une a receptores cerebrales de serotonina y que, administrada a ratas, alcanza el cerebro y correlaciona con cambios en el comportamiento.
El resultado de cada una de las preparaciones de kykeon fue una mezcla en equilibrio de LSA e iso-LSA, que puede ser más psicoactiva que cualquiera de los alcaloides puros por separado, señalan los autores, citando apéndices de la edición del 30 aniversario de The Road to Eleusis.
La respuesta a las objeciones de los escépticos: el estudio aporta datos experimentales y responde a las principales críticas que ha recibido la hipótesis psicodélica a lo largo de los años.
Una de las objeciones más comunes era la ausencia de restos de cornezuelo en los vasos de Eleusis. Los autores responden señalando que, en realidad, nunca se ha realizado una búsqueda sistemática con permiso para ello, pero sin embargo, existen hallazgos arqueológicos en otros lugares que sí apoyan la teoría.
Mencionan el caso de Mas Castellar de Pontós, en España, un yacimiento de una colonia griega donde, dentro de un santuario dedicado a las diosas de Eleusis, se encontraron fragmentos de cornezuelo dentro de un vaso ceremonial y, de forma extraordinaria, en el cálculo dental de un hombre de 25 años, lo que demuestra que el cornezuelo estaba, de hecho, conectado con el culto a las Diosas de Eleusis, sentencian.
Otra crítica habitual era que cornezuelo es igual a ergotismo, es decir envenenamiento y los investigadores contraargumentan que la historia de la medicina demuestra lo contrario: el cornezuelo se usó en obstetricia durante siglos para inducir el parto y detener hemorragias, y sus alcaloides aislados aún se usan en la práctica clínica y la clave es la dosis y el procesado, como se demuestra en este estudio, no la inevitabilidad del envenenamiento, afirman con rotundidad.
Por último, abordaban la cuestión de si el cornezuelo de la Antigua Grecia tendría la misma composición química que el actual: los análisis filogenéticos y la escala de tiempo evolutiva de millones de años e indican que dos milenios son un lapso insignificante y es probable, que el cornezuelo que infectaba la cebada de la llanura eleusina contuviera las mismas clases principales de ergopéptidos que las cepas modernas, concluyen.
El contexto importa: la química de la fe: la investigación también subraya un aspecto crucial en la farmacología de los psicodélicos: el estado mental y el entorno. Los autores recuerdan que los aspirantes a la iniciación pasaban por un periodo de nueve días de ayuno y preparación, y que el ritual se desarrollaba en un entorno de profunda carga simbólica y emocional.
En un marco ritual antiguo, marcado por el sinergismo botánico, el ayuno y una elevada expectación, su potencial psicodélico se habría visto amplificado, explican. La menta que menciona el himno homérico, el glechon, identificada como Poleo, Mentha pulegium, no sería un mero aromatizante.
“Sus aceites esenciales (pulegona) y ácidos (como el rosmarínico) podrían haber interactuado con el sistema nervioso central, actuando como estimulantes y modulando la experiencia, de forma similar a cómo los terpenos del cannabis potencian los efectos del THC o las beta-carbolinas protegen la DMT en la ayahuasca” explican los investigadores y proponen que esto pudo haber contribuido a un efecto séquito, que reduce la ansiedad y prolonga los efectos visionarios.
“Nuestros hallazgos demuestran que los ergopéptidos tóxicos pueden transformarse químicamente en sustancias psicoactivas mediante un proceso antiguo que implica la reacción en lejía, una técnica que podrían haber empleado las sacerdotisas de los ritos de Eleusis”, concluyen los autores en el apartado final.
El estudio arroja luz sobre uno de los mayores misterios de la Antigüedad y abre una ventana a la comprensión de cómo nuestras culturas ancestrales pudieron haber utilizado la química de la naturaleza para explorar la conciencia. El secreto mejor guardado de los Misterios de Eleusis, oculto durante milenios, empieza a emerger de las entrañas de un laboratorio, confirmando que, a veces, la historia de la religión y la historia de la química están más entrelazadas de lo que imaginamos.
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