El exoplaneta LHS 1140 b, a 48 años luz de distancia, conserva una capa de gases desde hace miles de millones de años, un hito sin precedentes en la búsqueda de mundos en los que podría haber vida
Buenos Aires-(Nomyc)-Se trata de un auténtico paso de gigante para la búsqueda de vida en otros mundos, ya que por primera vez en la historia, un equipo de astrónomos detectó la atmósfera de un planeta rocoso similar a la Tierra, uno que órbita en la “zona habitable” de otra estrella, lo que proporciona la evidencia más fuerte hasta ahora de que, más allá de nuestro Sistema Solar, pueden existir exoplanetas con condiciones similares a las terrestres en cuanto a composición y temperatura y además, con el potencial de albergar vida.
Publicado en 'Science', el descubrimiento, supone un antes y un después en la astrofísica moderna, ya que durante los últimos años, detectar exoplanetas terrestres en el vecindario cósmico se había vuelto algo casi rutinario y se sabía que estaban ahí, girando a la distancia correcta de su sol para permitir la existencia de agua líquida.
Pero existia un abismo infranqueable: nadie había sido capaz de demostrar empíricamente si estos mundos habían logrado retener una atmósfera, el sutil velo de gas indispensable para proteger la vida.
El planeta tarda 24,7 días terrestres en completar una órbita entera alrededor de su sol, una antigua estrella enana roja y hacerlo, recibe el 42 por ciento de la radiación estelar que nuestro propio mundo obtiene del Sol, lo que deja su temperatura de equilibrio en unos fríos -47 grados centígrados.
Sin embargo, no nos dejemos engañar por el termómetro, porque si LHS 1140 b posee un efecto invernadero activo, esa temperatura es ideal para mantener océanos líquidos bajo sus nubes.
“Una atmósfera es esencial para que un planeta albergue vida tal y como la conocemos” afirma Collin Cherubim, de la Universidad de Harvard y autor principal de la investigación, que agrega “Esta es la primera vez que alguien encuentra una atmósfera en un planeta rocoso en la zona habitable de otra estrella”.
Los astrónomos, detectaron la fuga de helio al analizar el tenue “código de barras” que los gases del exoplaneta imprimen en la luz de su estrella Cherubim y su equipo confiaron, contra la opinión de muchos, en sus complejos cálculos matemáticos, según los cuales LHS 1140 b tenía por fuerza que estar expulsando helio de su atmósfera hacia el espacio.
Después, para atrapar esa débil e hipotética señal, los investigadores recurrieron al instrumento WINERED acoplado al telescopio Magallanes Clay, en el Observatorio Las Campanas, en Chile.
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