Descubren en China el fósil del primer y único anfibio que vivió siempre en el mar


Un equipo de varias universidades describe a Gerrothorax maritimus un anfibio acorazado de entre 75 y 90 centímetros que vivió en el fondo de un mar triásico


Categoría: INVESTIGACIONES

Hay más de 8.000 especies de anfibios en el planeta y ninguna vive en el mar, mientras que menos del 2 por ciento tolera algo de sal y lo hace con límites. El número llama la atención, si se compara con el resto de vertebrados de cuatro patas, ya que entre los mamíferos están las ballenas, entre los reptiles las tortugas marinas y entre las aves los pingüinos, todos con especies capaces de vivir sin agua dulce ni comida de tierra firme, pero los anfibios, en cambio, siguieron atados a charcas, ríos y orillas y en los fósiles, tampoco había aparecido nunca uno marino.

 

Eso es lo que, según sus autores, acaba de cambiar ya que el estudio, publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, analiza dos esqueletos casi completos de una especie nueva, bautizada “Gerrothorax maritimus”.

 

Los fósiles fueron encontrados la provincia china de Guizhou, en el suroeste del país, que es una región de interior, pero durante el Triásico quedaba bajo el agua, según la universidad, a cientos de millas, siendo que cada cien millas son unos 160 kilómetros de las grandes masas de tierra y los restos se depositaron, al menos, a 30 kilómetros de cualquier isla.

 

Los dos esqueletos fueron descubiertos por campesinos de la zona, los adquirió una institución local y el ejemplar de referencia se conserva en el Museo Geológico de Guizhou, en Guiyang y se les calcula, una antigüedad de casi 237 millones de años, cuando los continentes formaban un único bloque, Pangea.

 

La zona, no es un terreno desconocido para el equipo: el autor de la investigación, el paleontólogo Ryosuke Motani, profesor de Ciencias de la Tierra y Planetarias en la Universidad de California en Davis, explica que llevan tiempo  en el “intento de reconstruir el ecosistema de este lugar” y hasta ahora “habían estudiado sobre todo reptiles marinos y peces”.

 

Con el anfibio, dice, suman un miembro “muy inusual” del linaje y Motani ya lideró en 2014 el hallazgo de Cartorhynchus, un diminuto ictiosaurio de unos 248 millones de años de la provincia china de Anhui, capaz de moverse en tierra, por lo que su trayectoria, discurre entre animales que cruzaron la frontera entre tierra y mar y los yacimientos triásicos de Guizhou, figuran en la lista indicativa de China para optar a Patrimonio Mundial de la UNESCO.

 

Un tanque con branquias: los esqueletos están tan bien conservados que permitieron reconstruir el aspecto del animal: tenía el cuerpo aplanado, con forma de disco, y cubierto por una coraza de placas óseas. 

 

Medía casi tres pies, es decir unos 0,9 metros, según la nota de la universidad y los autores, plantean que la armadura “pudo servirle de defensa frente a depredadores como los ictiosaurios”.

 

Motani lo compara con una Salamandra Gigante actual, pesaría más o menos lo mismo, pero con otra figura, porque aquellas son alargadas y Gerrothorax maritimus era, en sus palabras, “rechoncho” y por el cráneo y la armadura, los investigadores creen que “cazaba por succión desde el fondo”.

 

La idea, es que esperaría quieto y tragaría de golpe a cualquier presa que pasara cerca, como hace hoy el “tiburón alfombra” conocido como wobbegong, según una hipótesis en base a la anatomía, no una conducta observada.

 

Parientes de agua dulce: el género no era nuevo, los Gerrothorax conocidos hasta ahora vivían en lagos y ríos y la especie mejor estudiada, Gerrothorax Pulcherrimus, que significa “Pecho de Mimbre” por la proximidad de sus costillas,  dejó restos en Alemania, Suecia y Groenlandia, y vivió unos 35 millones de años en la cuenca germánica de Europa central, según un trabajo publicado en Evolutionary Biology.

 

Medía cerca de un metro, conservaba branquias de adulto, tenía una forma de abrir la boca muy rara y en 2008, el equipo de Farish Jenkins, de la Universidad de Harvard, describió en el Journal of Vertebrate Paleontology que levantaba el cráneo en lugar de bajar la mandíbula.

 

Los plagiosaurios, el grupo al que pertenece, desaparecieron hace unos 200 millones de años, en la extinción masiva del final del Triásico y Motani los describe como “un linaje sin descendientes vivos”.

 

Por qué el mar es un problema para un anfibio: la razón por la que los anfibios actuales no pueden vivir en el mar está en la piel, que es permeable y les sirve para respirar y para tomar agua, de modo que no beben por la boca, lo que los obliga a vivir en agua dulce o cerca de ella. 

 

En el mar, la sal tiende a sacarles el agua del cuerpo a través de esa misma piel, aunque hay especies con cierta tolerancia, como la Rana Cangrejera, pero pierden peso en aguas salobres y necesitan volver al agua dulce para recuperarse.

 

Los autores, proponen que Gerrothorax maritimus esquivó el obstáculo gracias a su armadura y a una biología más parecida a la de un pez, ya que la coraza habría evitado que el agua atravesara la piel, por lo que el animal tendría que beber por la boca y absorber el agua en el intestino, algo parecido a lo que hacen los peces marinos y las branquias, presentes en todo el género, le habrían permitido filtrar la sal.

 

Todo esto se plantea en condicional por una razón: las partes blandas no se conservaron, así que el equipo no puede confirmar si el sistema digestivo se adaptó al agua salada ni cómo se reproducía.

 

Cómo saben que vivía en el mar: un cadáver puede viajar mucho antes de hundirse, y por eso no es suficiente encontrarlo en sedimentos marinos, por lo que el equipo ofrece varias pruebas. 

 

La primera es que los fósiles aparecen en sedimentos de mar profundo y que los esqueletos están casi completos y según Motani “un cuerpo a la deriva suele secarse y perder las extremidades antes de llegar al fondo, pero estos conservaban los dedos, lo que sugiere que el animal murió cerca de donde vivía”.

 

La segunda prueba es química: los investigadores, midieron las variedades es decir los isótopos de estroncio en los fósiles, que se incorporan a los huesos desde el agua y su proporción en el océano, cambia a lo largo de la historia de la Tierra, de modo que funciona como un sello con fecha. 

 

La proporción hallada, se parece a la de los mares del Triásico Tardío y Motani, cuenta en un blog del propio equipo que esta fue la prueba más contundente, y que esperar el resultado fue “el momento de la verdad”.

 

Quedan huecos serios: los dos esqueletos aparecieron boca arriba, de modo que la espalda es una incógnita y tampoco, se conoce nada de su ciclo de vida ni de cómo gestionaba la sal por dentro y también, queda por responder si Gerrothorax maritimus fue una rareza aislada o la punta de un fenómeno mayor que el registro fósil no dejó ver, pero hasta que aparezcan más esqueletos, nadie puede decir cuántos anfibios más se atrevieron con el mar.

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