Advierten que las olas de calor extremas alcanzan niveles incompatibles con la supervivencia humana


El calor extremo ya mata más de lo que reflejan las estadísticas y un nuevo estudio alerta sobre el verdadero riesgo de las olas de calor  


Categoría: INVESTIGACIONES

Buenos Aires-(Nomyc)-Las olas de calor se convirtieron en una de las amenazas climáticas más mortales de los episodios de calor extremo más severos ocurridos entre 2003 y 2024 y sus conclusiones, advierten sobre una realidad incómoda: muchas de las condiciones consideradas “soportables” por los modelos tradicionales pueden resultar letales para millones de personas.  

 

Cuando la temperatura deja de contar toda la historia: durante décadas, gran parte de las evaluaciones de riesgo se basaron en la temperatura del aire, pero sin embargo, el cuerpo humano no percibe solo los grados que marca un termómetro, ya que la humedad, la radiación solar, la velocidad del viento, la duración de la exposición y hasta la ropa utilizada influyen de manera directa en la capacidad del organismo para disipar calor y dos lugares, con la misma temperatura, pueden presentar niveles de peligro completamente distintos.

 

Por esa razón, los investigadores utilizaron un modelo fisiológico mucho más avanzado que incorpora la capacidad real de sudoración y enfriamiento del cuerpo humano y el resultado fue sorprendente: tanto los ambientes húmedos como los extremadamente secos pueden alcanzar niveles incompatibles con la supervivencia.

 

Esto, cuestiona algunas ideas ampliamente aceptadas sobre los límites fisiológicos del ser humano frente al calor extremo, ya que el problema silencioso de las noches cada vez más cálidas es uno de los aspectos más preocupantes identificados por los investigadores es el aumento de las temperaturas nocturnas.

 

De manera tradicional, las noches ofrecían una ventana de recuperación tras las horas más calurosas del día, pero hoy, en muchas regiones urbanas, esa pausa térmica desaparece ya que las ciudades, acumulan calor en el asfalto, los edificios y otras superficies impermeables, en un fenómeno, conocido como “Isla de Calor Urbana”, provoca que la temperatura nocturna apenas descienda, por lo que el cuerpo humano no consigue recuperarse de manera adecuada, del estrés térmico acumulado durante la jornada.

 

La combinación entre cambio climático y expansión urbana, intensifica este problema en numerosas áreas metropolitanas de Europa, América Latina, Oriente Medio y Asia y esto es una amenaza sobre todo para las personas mayores

 

El estudio confirma algo que los profesionales sanitarios observan desde hace años: el calor no afecta a todos por igual, ya que a medida que se envejece, el organismo pierde parte de su capacidad para regular la temperatura corporal, la producción de sudor disminuye, la circulación sanguínea responde con menor eficacia y la sensación de sed puede reducirse, por lo que condiciones que una persona joven puede soportar durante varias horas, pueden convertirse en una situación crítica para alguien mayor de 65 años.

 

La situación se vuelve, aún más compleja, cuando existen enfermedades cardiovasculares, problemas renales, diabetes o determinados tratamientos farmacológicos que alteran los mecanismos de regulación térmica.

 

El calor extremo y la desigualdad social: aunque el cambio climático afecta a todo el planeta, sus consecuencias no se distribuyen de forma equitativa ya que las personas con acceso a viviendas bien aisladas, aire acondicionado eficiente o espacios verdes cercanos cuentan con una protección considerablemente mayor frente a las olas de calor.

 

En cambio, quienes viven en barrios densamente urbanizados, trabajan al aire libre o sufren situaciones de vulnerabilidad económica afrontan riesgos mucho más elevados y en muchas regiones del mundo, millones de personas aun hoy, carecen de acceso confiable a sistemas de refrigeración o incluso a agua potable segura durante los episodios de calor extremo, lo que a su vez, convierte un fenómeno meteorológico en una auténtica emergencia de salud pública.

 

Las cifras oficiales podrían quedarse muy cortas, ya que uno de los hallazgos más inquietantes de la investigación es la posibilidad de que las muertes relacionadas con el calor estén sean infrarregistradas debido a que los fallecimientos por golpe de calor, suelen identificarse con relativa facilidad, pero muchas víctimas fallecen por complicaciones cardiovasculares o insuficiencia renal desencadenadas por el estrés térmico y en esos casos, el calor rara vez aparece como causa principal en los registros oficiales, aunque haya desempeñado un papel determinante.

 

Diversos estudios epidemiológicos, realizados en Europa, mostraron que las olas de calor pueden provocar miles de muertes adicionales que no siempre quedan reflejadas en las estadísticas específicas sobre calor, por lo que se debe adaptar las ciudades para convivir con temperaturas extremas y la respuesta para ello, no pasa únicamente por instalar más aparatos de aire acondicionado.

 

Los expertos defienden un enfoque más amplio en base a la adaptación climática urbana y cada vez más ciudades apuestan por soluciones que reducen el calentamiento ambiental antes de que llegue a afectar a la población.

 

Entre las medidas más efectivas destacan:

  • Incrementar la cobertura arbórea urbana.
  • Crear corredores verdes y parques de proximidad.
  • Utilizar pavimentos y cubiertas reflectantes.
  • Diseñar edificios bioclimáticos.
  • Implantar refugios climáticos accesibles para toda la población.
  • Mejorar los sistemas de alerta temprana.

 

Ciudades como Barcelona, París, Singapur o Medellín desarrollan estrategias específicas para reducir la exposición de sus habitantes al calor extremo.

Impacto: el aumento de las olas de calor no solo afecta a las personas, sino que también genera importantes alteraciones ecológicas debido a que, por ejemplo, la evaporación del agua disponible en embalses, ríos y suelos agrícolas, agrava las sequías, los ecosistemas forestales sufren un mayor estrés hídrico, lo que aumenta la vulnerabilidad frente a plagas e incendios.

 

Además, el calor prolongado puede reducir la productividad agrícola, alterar los ciclos reproductivos de numerosas especies y favorecer la expansión de organismos invasores adaptados a condiciones más cálidas y por otra parte, el uso masivo de sistemas de refrigeración incrementa la demanda eléctrica durante los picos de calor y si esa electricidad procede de combustibles fósiles, se genera un círculo vicioso que contribuye a seguir calentando el planeta, por lo que la planificación urbana sostenible y la expansión de las energías renovables, se perfilan como herramientas fundamentales para romper esa dinámica.

 

Una nueva visión sobre los límites humanos frente al calor: los resultados de esta investigación, ponen de manifiesto que la evaluación del riesgo térmico debe evolucionar debido a que no existe una temperatura universal a partir de la cual todas las personas corren el mismo peligro porque la edad, la salud, la humedad ambiental, la radiación solar y las condiciones socioeconómicas, influyen de manera decisiva.

 

Comprender esa complejidad permitirá diseñar sistemas de alerta más precisos y estrategias de protección más eficaces para los grupos más vulnerables, porque, al final, no se trata solo de sobrevivir a las olas de calor, sino de “mantener ciudades habitables en un mundo que sigue calentándose”.

 

A MODOD E RESUMEN:

  • 🌡️ Olas de calor más peligrosas de lo estimado.
  • 🧓 Personas mayores, máxima vulnerabilidad.
  • 🌙 Noches tropicales cada vez más frecuentes.
  • 🏙️ Ciudades más calientes por efecto isla térmica.
  • 💧 Acceso al agua y refrigeración, factor decisivo.
  • ⚠️ Muertes relacionadas con el calor infrarregistradas.
  • 🌍 Riesgos crecientes con el avance del cambio climático.
  • 🌳 Sombra urbana y adaptación climática, prioridades urgentes.

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